HETERÓNIMO
Mariquilla
Laguna nació un caluroso día a principios de agosto del año 1966, reinaba el
Caballo de Fuego según el horóscopo chino. Esto, junto a su signo solar Leo,
fue una explosión.
Su
abuela, cuando la vio no pudo evitar exclamar: ¡Ay mi Mariquilla! Sus ojos te
atravesaban era como si viera lo más profundo de ti, la parte más oculta de tu
alma y eso daba miedo.
Creció
fuerte a pesar de ser una niña delgada. Era alta para su edad parecía un tronco
de bambú fino y flexible. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos
grandes de un azul turquesa intenso, mirarte en ellos era como sumergirte en el
mar y sentir el vértigo de lo infinito.
Desde
niña demostró curiosidad, valor, independencia, pasión por las cosas que
acometía y desde luego liderazgo, era la que comandaba la pandilla de niños del
barrio. Con ellos iba a las charcas a coger ranas y renacuajos, subía montes y
operaba lagartijas suturándolas con una gran X en hilo rojo. Los prefería a
ellos antes que, a las niñas, jugar con muñecas le resultaba muy aburrido. Por
todo ello se ganó, por parte de su madre, el sobrenombre de “macho perico”.
También
devoraba libros, la lectura la absorbía de tal manera que se olvidaba hasta
comer con el consiguiente enfado de su madre. Pero a ella le daba igual, quería
aventuras a toda costa y Julio Verne era todo eso y más. Además, su padre la
apoyaba, era su cómplice, el que la llevaba a la librería a comprar libros. De
él aprendió a ver la vida sencilla, a disfrutar de los momentos, de la familia y
de los viajes.
Cuando
llegó el momento de ir a la Universidad le costó trabajo decidir qué estudiar,
le apasionaba la historia clásica, la biología, la filosofía… se decantó por
hacer Psicología, eso de estudiar la mente le atraía.
Su
inteligencia le permitió terminar la carrera antes de tiempo, llegó a hacer
hasta dos cursos en un mismo año.
Nada
más terminar empezó a trabajar en un gabinete psicológico, a través de sus
pacientes descubrió un mundo invisible, desconocido, a veces causaba terror, o
risa con las situaciones absurdas que le ocurrían, otras tal dolor que no podía
dejar de llorar junto a ellos.
Todas
estas vivencias le bullían en la cabeza y se planteó sacarlas de alguna manera.
Un día una idea le atravesó su mente y dijo
-¡Voy
a escribir!
Y
se lanzó a la aventura.
Pepa Fernández, o sea sé Mariquilla Laguna.
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