martes, 27 de enero de 2026

3_EJERCICIO_GRACIA MATAS

 Nacida en una familia pobre, rozando la miseria. Hija de Antonia, cuando pasaba los 40, y de Juan, un año mayor que su esposa. Candela llegó a esta España convulsa un 7 de febrero de 1938. No tuvo hermanos, quizá por la edad de sus progenitores, quizá por la situación. 

 Antonia y Juan se ganaban la vida trabajando de jornaleros, se desplazaban allí donde conseguían trabajo para los dos. Los primeros meses de Candela transcurrieron en un canasto acompañando a sus padres en sus tareas de campo, que unas veces era recoger aceitunas, almendras… y otras muchas, tareas de labranza y sembrado.

Candela sintió una devoción por el dibujo desde muy pequeña. Se pasaba las horas haciendo garabatos con un palo en la tierra que luego borraba con las manos. 

Con 4 años ya se distinguían flores y pájaros en sus dibujos.  

Fue perfeccionando la técnica y pintaba con yeso en cada lugar que admitía el contraste. Conseguía estas piedras en el camino de la cantera y las atesoraba en una caja de madera. 

No pudo ir al colegio ya que las circunstancias no se lo permitieron. Empezó a trabajar de niña guardando pavos en un cortijo donde sus padres encontraron un poco de estabilidad. Se asentaron en una aldea cerca de Iznájar.  

A pesar de no ir a la escuela, sus padres recibían en casa a un maestro que, a cambio de comida, le daba clases a Candela. Fue así como aprendió a leer, escribir y las cuatro operaciones matemáticas.

Su amor por el dibujo no fue a menos, muy al contrario, cada rato que tenía y cada papel que pillaba lo llenaba con sus paisajes montañosos, bosques de álamos, cerezos en flor o con fruta, gallinas, perros, mulos, patos…. Y todo aquel mundo que la rodeaba. 

Con 14 años, y ya con utensilios de pintura menos arcaicos, se atrevió a dibujar personas. Primero dibujó a su amiga Carmen en tonos ocre. Tenía un sentido especial para captar las miradas. Se atrevió con fotografías familiares. 

Tanto empeño le ponía le ponía a sus dibujos, que muchas veces terminaba frustrada por los resultados. Eso no impedía que volviera a intentarlo una y otra vez. (borrar…. Borrar… borrar…). 

Con 19 años conoce a Jacinto y con 21 ya tiene un bebé, Antonio, que será el primero de los ocho hijos que tuvo a lo largo de su vida. 

La maternidad no le permitía dedicarse a su gran pasión. Durante más de veinte años su vida transcurrió entre bebés, niños, adolescentes y casi adultos, bregando con todas las etapas de la juventud, llevando una casa con una familia más que numerosa y atendiendo a su matrimonio. 

Sentía que se le escapaba la vida y no hacía lo que realmente le alimentaba el alma. 

Se planteó muchas veces retomar sus dibujos, pero era tal el agotamiento físico y mental que, apenas en ese tiempo, realizó algunos retratos de sus hijos en solitario y alguno de la familia al completo.

Aún así, tenía un arcón lleno de blocs de pintura y lienzos sueltos. 

Ya rozando los 50 se apuntó a la escuela de mayores. Allí conoció a Camila, su profesora. Entablaron una bonita amistad a pesar de la diferencia de edad, Camila tenía 31, podría ser su hija. 

A Camila le gustaba escribir relatos. No había publicado porque eso no era fácil, pero tenía la esperanza de que algún día sus cuentos fueran leídos. 

Cuando conoció la afición de Candela organizó una exposición de dibujo en el aula, aprovechando la Semana Cultural. Quedó maravillada con la sensibilidad de los dibujos de su amiga. Se embarcaron ambas en un proyecto en el que Candela ilustraba los relatos de Camila, una sucesión de relatos cortos en los que se ponían de manifiesto las carencias de la época, los sentimientos escondidos, los dolores enterrados y el miedo a no pasar desapercibida. 

Se presentaron a varios concursos pero no terminaban de encontrar un hueco en un país que ya gozaba de 14 años de democracia. No importaba, ya que estaban disfrutando tanto del recorrido, que llegar a la meta (publicar) no era más que otro paso, y que si no llegaba, no podría ensombrecer las horas de disfrute compartidas. 

Cinco años más tardaron en recibir, por fin, un merecido reconocimiento. En 1998, uno de sus trabajos “La tierra de mi madre” fue galardonada con el Premio Nacional de Ilustración Edelvives”. Su primera publicación y el impulso para dedicar más tiempo a su gran pasión. 

A sus 87 años, Candela sigue tomando el lápiz para plasmar todo aquello que su cansada vista le permite. 

A día de hoy han publicado quince trabajos más que han tenido una buena acogida entre los lectores.

3_EJERCICIO_JORGE INIESTA

 

¿AUTOJUSTIFICACION O REMORDIMIENTO?

 

El nombre de la reclusa 402 era Elena Sánchez Valiente, pero el mundo pronto la conocería como Lara S. Vant, el heterónimo que nació entre los muros de hormigón de la prisión de mujeres.

Todo comenzó una tarde de agosto, cuando el silencio de su casa se volvió insoportable.

Elena, cegada por una paranoia que no dejaba rastro de pruebas, convencida de que cada retraso de su marido era una traición y cada perfume ajeno una sentencia, descargó su furia contra él con un cuchillo de cocina.

No hubo amantes, solo sombras alimentadas por su propio miedo.

 

En la soledad de la celda, para no volverse loca, Elena creó a Lara.

Lara no era una asesina, Lara era una "superviviente de sus propias emociones".

Bajo ese nombre, comenzó a escribir "El filo de la duda", una memoria visceral que transformaba su crimen en una tragedia griega sobre la intensidad del amor mal gestionado.

 

Para 2026, el fenómeno era imparable. Lara S. Vant se convirtió en la autora más vendida del país. Sus libros de autoayuda, como "Amar sin quemarse" y "Cadenas de seda: Guía para la mujer moderna en crisis", se vendían como panaceas para matrimonios al borde del abismo. Las mujeres le escribían cartas desde todos los rincones, agradeciéndole por "entender el dolor que las llevaba al límite".

Desde la cárcel, Lara daba entrevistas por videollamada, siempre vestida de blanco, con una voz serena que ocultaba la sangre de aquella tarde de agosto. Se convirtió en un gurú de la resiliencia.

Los lectores y el público en general, rápidamente se olvidaron del asesinato del inocente marido y prefirieron la narrativa de la mujer que, tras tocar fondo, enseñaba a otras a flotar.

 

Irónicamente, Elena seguía allí, encerrada, viendo a través de los barrotes cómo Lara se hacía rica y famosa predicando sobre el control emocional, mientras ella, en la oscuridad de la noche, aún buscaba en sus recuerdos una prueba de infidelidad que justificara el rastro de la cicatriz que la había marcado de por vida.

 

Una mañana gris de enero, Elena apareció colgada en su celda.

                                         

3_EJERCICIO_LOURDES HARO

 

HETERÓNIMO -  GRACIELA COTÍN

 

Graciela Cotín nació en Córdoba en 1969, la hija mayor de una familia trabajadora y muy festiva. Probablemente  eso la orientó desde muy niña al gusto por las canciones, leyendas e historias populares, tan a menudo vinculadas a la naturaleza, las estaciones, el comportamiento humano o el sentir espiritual. Las tradiciones orales  marcaron el inicio de su estrecha  relación con las palabras, no solo por lo cantado o recitado, sino también por los debates que surgían a posteriori en el vecindario o la familia, donde Graciela observaba con atención, advirtiendo el valor y el efecto cambiante de una misma idea según la forma en que hubiera sido expresada.  Desarrolló también un gusto especial por la sonoridad  de las palabras, siendo sus favoritas las esdrújulas, de las que admiraba  ese  ritmo descendente que las dotaba de  una preciosa musicalidad. Como más adelante desvelaría, desde aquella primera infancia  comenzó a atesorar cuadernos donde copiaba frases que le resultaban  llamativas, aforismos, ripios, juegos de palabras, paradojas, poemas cortos… y además otras libretas que recogerían su inspiración personal.

Junto a este valioso aprendizaje experiencial recibió enseñanzas regladas de Primaria y Secundaria, obteniendo excelentes resultados. En su etapa escolar consiguió varios premios de poesía y redacción, lo que la reforzó en su afición literaria. Sin embargo, no pudo continuar los estudios superiores ante la necesidad de aportar ingresos al hogar.

Se dedicó entonces a buscar empleos que le permitieran seguir aprendiendo de forma autónoma, manteniendo su afición lectora y creadora. Mientras ocupaba puestos de vigilante nocturna, conserje o recepcionista de consulta médica, fue devorando obras clásicas y de actualidad, de temas variados, y en paralelo su obra propia crecía, aunque no veía el momento de compartirla con el mundo.

Fue providencial su incorporación al puesto de conserje del Conservatorio de Música de Antequera. Graciela, de carácter abierto y participativo, colaboraba desde su llegada en múltiples actividades, más allá de sus deberes profesionales. De este modo fue entablando relaciones  con músicos de diferente índole, algo que iba dando forma a  un diálogo literario-musical que pronto tendría frutos: primero algunos de sus poemas fueron musicados; más tarde incipientes compositores le solicitaban que pusiera  letras  a sus melodías para dotarlas  de un contenido más explícito. De ahí vinieron exitosas colaboraciones con cantautores  como El Jose, Fernando Macías, Gema y Pável, Elena Bugedo, José Antonio Delgado o el dúo Mapa. La emergente fama de Graciela como letrista se convirtió en el impulso que necesitaba para lanzarse a participar en publicaciones locales y nacionales , así como  en  concursos de poesía y relatos. Su primer poemario, Vértigo íntimo, fue calificado por la crítica como una  “refrescante revelación”  pero fue su delicioso libro de cuentos Caos magnético el que  la consagraría como una joven autora superventas.

Buceando en su obra podríamos decir que la escritura de Graciela encontró sus mayores inspiraciones en la poesía,  la novela poética,  la filosofía, el humanismo  y la espiritualidad, con referentes tales como  Mary Oliver, Gioconda Belli, Mario Benedetti, Ángel González, María Zambrano, Martínez Lozano, José Carlos Ruíz, Rumi o Bertolt Brecht entre otros.

 

Graciela Cotín  firma poesía, relatos cortos, cuentos, aforismos, prosa poética y canciones. Hasta el momento. Porque en su último artículo se posiciona aún atónita frente al magnífico océano  de la métrica y no sabe si surgirá un paréntesis, o una próxima pértiga- simbólica- que la lance a las antípodas de sus páginas clásicas.

martes, 20 de enero de 2026

3_EJERCICIO_CARMEN NAVAS

 

 

HETERONIMO.

Por una extraña coincidencia nací un 19 de Mayo en la ciudad de Turin.

Pareciera con ello que tendria mi destino predestinado ya que teniendo unos padres dedicados profesionalmente a áreas relacionadas con la cultura decidieron ponerme de nombre Gullia Carla Argana en homenaje a Gullio , amigo de ellos desde sus tiempos no sólo de estudiantes sino de afiliación política

Crecí por lo tanto bajo la influencia y protectorado del mismo .Devoraba sus trabajos y todos sus libros.Asistia .a toda reunión y asamblea que surgiera .Hasta tal punto llegó a ser su influencia que por mucho tiempo su personalidad y la mía se confundían.

Hoy día podría decirse que estoy en modo de “desintoxicación” a la búsqueda de mi ,”yo”

Ya no voy a ser agregada cultural de mi país

Soy guía turística.

No sé si al final mi formación política me permitirá enajenarme y no tomar conciencia de lo que en la vida ciudadana está suponiendo está “Gran Invasión “ que son los turistas.

Ya os iré informando.

Ah y mi nombre ahora es Julieta( por Romeo claro).

3_EJERCICIO_MERCEDES JIMÉNEZ

 

Heterónimo

 

Encarna (Sin apellidos conocidos)

​(1942 - Desaparecida en 1974)

 

​Encarna se hizo palabra en el borde de una tabla de cortar. Durante doce años fue conocida simplemente como "la mujer del carnicero", una figura silenciosa que despachaba tras el mostrador de la carnicería El Frigorifiqué  en un barrio obrero del extrarradio malagueño.

 

Vida y Entorno

​Su existencia estuvo marcada por el ritmo de la carne y el acero. Casada a los veinte años con Julián, un hombre de manos firmes, decisiones prácticas y pocas palabras, la vida de Encarna transcurrió entre el frío de la cámara frigorífica y el calor sofocante del piso compartido, situado sobre el cormercio que regentaban.

​No tuvo hijos. Sus criaturas fueron los cuadernos que escondía bajo el papel de estraza. En ellos, Encarna desarrollaba una poética de lo visceral,  escribía sobre la anatomía del sacrificio, la frialdad del metal y la invisibilidad de la mujer que limpia la sangre derramada.

 

Estilo Literario

​Su obra (recuperada años después en una caja de zapatos localizada en la cámara frigorífica) se caracteriza por:

·         ​El Realismo Sucio Doméstico, sus escritos huelen a serrín húmedo y lejía.

·         ​La Metáfora de la Carne, utiliza el despiece de los animales para explicar el desmoronamiento de su propio cuerpo y deseos.

·         ​La Brevedad Cortante, textos cortos, como hachazos, secretos, escritos con la premura del miedo a ser descubierta.

 

La Desaparición

​El 29 de mayo de 1974, Encarna dejó el delantal doblado sobre el mostrador, colocó el cartel de "Cerrado por descanso" y nunca regresó. No se llevó ropa, ni dinero, ni identificación. Julián siempre sostuvo que "se le fue la cabeza por no haber parido”, “que muchas veces estaba como ennortá", pero sus cuadernos  sugieren una huida planificada hacia el anonimato.

​"He aprendido a distinguir el peso del corazón de una vaca del peso de mi propio hastío. El de la vaca se puede vender por kilos; el peso de mi hastío me hunde gratis en el suelo de la cocina"> — Fragmento de un cuaderno sin título.

 

Legado

​Encarna no buscaba la gloria literaria, sino un lugar donde el acero de la hoja del cuchillo no fuera la única realidad.

 

 

Este texto ha sido elaborado en colaboración con la IA

Mercedes Jiménez

3_EJERCICIO_INMA GÓMEZ

 

HETERÓNIMO

INMA GÓMEZ VS LOLA BROWN HEREDIA

Lolilla qué haces?  Despierta hija… despierta… Ohhh my Darling!!!! Ohh my god!!!

 Mi abuela no entendía nada… ella no podía entender …Qué podía entender una señora de buena familia londinense. Madre de mi padre, jamás entendería cómo su hijo se vino a España a investigar sobre las especies endémicas de la Sierra de las Nieves y acabó afincado en el Burgo y casado con una gitana. Una gitana descendiente de bandoleros, contrabandistas…gentes de “mal vivir”. Una familia, un clan…que ahora vela la muerte de su hijo. Si… su hijo querido. Aquel que ella hace años dio por perdido.

Y ahí estaba yo delante del espejo que ella había osado descubrir. Yo en estado catatónico. Yo enfrentada a la muerte. Yo pensando que mi alma se quedaría atrapada en ese espejo. Yo paralizada, sin capacidad para reaccionar. Y ella me zarandea. Ella asustada. Paralizada también a su manera.

Yo tenía 15 años y apenas había conocido a mi abuela. En principio nunca aprobó la decisión de mi padre. Apenas se hablaba con mi madre y a mí me habría visto tres o cuatro veces, no más. Huérfana ya de madre y con mi padre difunto. Sola.  Con un clan familiar desestructurado y prácticamente extinguido…esta señora que me zarandeaba, esta extraña… era lo más real que había en mi vida en esos momentos. Mi abuela me cogió de la mano y me llevó, me llevó por caminos ignotos y maravillosos.  Una extraña me tomó ese día de la mano y no me la soltaría hasta su muerte 16 años después.

Y aquí estoy yo. Recien estrenada la democracia en España. Yo de vuelta a mi pais natal tras la muerte de mi abuela. Yo de becaria en el diario El País. Yo con mi flamante título de periodismo conseguido tras mis estudios  en el London School of Journalism. Viajada por Europa, América...Japón o China... Masters, investigaciones...publicaciones... Culta...culta? ... Formada...formada? Inglesa...inglesa? Gitana...gitana?

Lola Brown Heredia...aspirante a periodista de investigación, aspirante a escritora, aspirante a hacerse digna de su identidad...identidad? Aspirante... Aspirante...de sus raices... Instalada en Usera. Apartamento pequeño. Sola. Aspirante...

Hoy Lola Brown Heredia...está sentada delante de un ordenador. Atrapada en su pantalla. Viendo su rostro reflejado en él. Ironías de la vida la muerte, esa muerte gitana que obliga a cubrir los espejos, a evitar mirarlos huyendo de la mala suerte y con miedo a quedarse atrapada en ellos.. Esa muerte... se ha convertido en su trabajo. Lola Bronw Heredia  ha sido contratada por el diario El Pais para cubrir su sección de “obituarios” . Tiene delante de ella en la pantalla (en el espejo...?) la foto de  Victor Ruiz Iriarte muerto el 14 de Octubre de 1982. Teclea...Teclea... Teclea...una necronológica!!!!!! Lola escribe necrológicas. Lola entre dos mundos: la vida y la muerte. Lolilla entre dos culturas: gitanos y sajones...

Resuenan en mí las palabras de mi abuela ...Lolilla qué haces? 

Qué haces Lola? Quién eres Lola? Qué quieres hacer? Qué te van a dejar hacer? TODO Absolutamnete TODO...Lola Bronw Heredia lo tiene todo en su vida por escribir... Yo escribiré mi propia historia...

Lola Brown Heredia. Periodista.

3_EJERCICIO_ÁNGELES DELGADO

 


Elena Valenzuela Montes nació en 14/02/1968 en el seno de una familia minera de Peñarroya-Pueblonuevo. Su padre Esteban, minero, su madre Lucía lavandera.
El paisaje cotidiano incluía castilletes, escombreras y el sonido de la sirena de la mina que marcaba el ritmo del pueblo y avisaba de posibles accidentes.


Elena, a los cinco años, una meningitis le causó una hipoacusia severa y crecer en la zona minera de los años setenta supuso un doble reto: la dureza del entorno industrial y la falta de recursos adaptativos. Al no ser una sordera total y no utilizar lengua de signos en un entorno rural rudo, Elena desarrolló una capacidad de observación extraordinaria; donde otros oían el estruendo de las vagonetas, ella sentía las vibraciones de la tierra y aprendió de forma autodidacta a leer los labios de un pueblo que luchaba por su supervivencia económica.

 Vivió en plena adolescencia años de fuerte agitación social, frecuentes huelgas mineras donde las mujeres fueron el motor social y logístico, sufriendo la represión más dura, mientras sostenían el hogar

A pesar de las barreras comunicativas, su pasión por la lectura la llevó a la capital para cursar Filología Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba. Durante sus años universitarios, Elena comenzó a escribir sus primeros relatos, donde exploraba la identidad, el aislamiento y la sonoridad interna de las palabras. Fue aquí donde empezó a utilizar prótesis auditivas y a dominar la lengua de signos, integrando ambos mundos en su expresión cotidiana.

Su debut literario,
La voz del carbón fue una novela que narraba la historia de las mujeres en las cuencas mineras desde una perspectiva sensorial única.
Como escritora, Elena se consolidó con una narrativa que la crítica definió como "literatura del silencio", ganando premios por su capacidad de otorgar protagonismo a los colectivos históricamente invisibilizados.
-"Vengo de donde la tierra se abre ,allí aprendí que hasta las piedras más duras cede si se le trata con el tiempo adecuado”.-

Simultáneamente, fundó la plataforma "Eco de Minas", un proyecto integrativo pionero que se dedica a la capacitación profesional de mujeres con discapacidad y del colectivo sordo, facilitando su inserción en el mercado laboral cultural y digital de la provincia.

Su último proyecto, presentado este año, es una red de talleres de escritura creativa para mujeres rurales sordas, financiado por fondos europeos de desarrollo regional.
Para Elena, representa la culminación de un esfuerzo por demostrar que la sordera no es una ausencia, sino una forma distinta de habitar y narrar el mundo.
-La ciudad solo será moderna cuando aprenda a caminar al ritmo de los que vamos más despacio. No es una tragedia sino una forma distinta de habitar el espacio. -

lunes, 19 de enero de 2026

3_EJERCICIO_LALO FERNÁNDEZ

 

La hermana pequeña 

 

Ángel nació cuando faltaban cuatro minutos para que entrara el año 1960. El ginecólogo dijo que, dadas las circunstancias, el nacimiento había sido de los más sencillos que le habían tocado: llegó bien colocado de cabeza, su tamaño y peso (2,589 kilos) ayudaron, y nada más salir tomó posesión del mundo llorando como un descosido. Para la madre, lo dijo después a todo aquel que quiso escucharla, no fue tan sencillo, ni mucho menos. Sobre todo porque después de que Ángel saliera, todavía estuvo empujando, sudando e insultando a todo lo que se movía en aquel pequeño quirófano.

Luisa decidió salir exactamente cinco minutos después, ya entrado el año; la diferencia los marcaría toda su vida.

Los cinco minutos aquellos de 1960 quedan ya muy lejos; 61 años han pasado y dos siglos han dado un salto. La infancia de los dos hermanos van a dar para un libro extenso, pero ese no se publicaría hasta después de cuatro décadas, mañana mismo para ser exactos.

Ángel pasó su infancia y adolescencia al lado de Luisa (más bien a la viceversa), juntos fueron, primero a la escuela pública y luego al instituto de Bachillerato de aquella pequeña gran ciudad y juntos llegaron a la Universidad, aunque solo se quedó él. Ella, siempre la y siempre menor, tuvo que volver con sus padres a la ciudad, ya se dijo que pequeña, por tamaño, y grande por historia.

En los siguientes cinco años, Ángel cumplió brillantemente con lo que se esperaba de él, y antes de abandonar el colegio mayor metió su título de licenciado en Historia Contemporánea en la misma caja y en ella amontonó cuatro manuscritos de novelas y otros dos de poesía.

Durante ese tiempo Luisa también había cumplido tal y como se esperaba de ella. A ella le tocó ir a la estación a recogerlo en compañía de sus dos hijos. El marido no, que en aquellos días debía estar cruzando por el cabo de Hornos a bordo del Hércules” camino de la refinería de A Coruña. En el cajón inferior de aquella cómoda que su madre le había regalado, también se amontonaban unos manuscritos, doce en total, con otros tantos relatos, todos inacabados, algunos apenas empezados.

Ángel paró poco en la casa de la pequeña ciudad que, ya lo dije, también era grande: el tiempo de almacenar en la habitación de adolescente su vida anterior, al lado de las camisas y los jerseys de cuello alto, recuperar la buena cara que le exigió su madre a base de guisos, entrecotes y esas croquetas tan ricas, y despedirse de los amigos que le quedaban. En solo un mes pudo disponer del piso en la capital, que le gestionó su padre, y allá se fue, con una maleta pequeña llena de algo de ropa para ese verano, y la caja, claro, la caja con los cuatro manuscritos.

El resto es bien conocido. Los cuatro manuscritos se transformaron en cuatro libros de gama alta (ya se sabe: tapa dura, encuadernación en pliegos cosidos con cabezadas, guardas en color y hasta cinta marcapáginas, una frivolidad que ya siempre exigió a su editor). El primero, como es natural, tardó un poco más en arrancar porque el autor era un desconocido, pero la calidad de la literatura que contenía, lo bien que él la supo vender, y el buen trabajo publicitario de la editorial, llevaron aquellos cuatro libros a sustituirse en el primer puesto de las listas de ventas en librerías y grandes almacenes; allí estuvieron puntuales, cada uno en años sucesivos, de Navidad a Navidad, siempre alabados por la crítica y sobre todo avalados por las ventas.

Las presentaciones de los libros que siguieron no fueron tan frenéticas, pero ya nunca perdió su espacio fijo de al menos dos profundas entrevistas cada dos o tres años, dependiendo de su ritmo productivo, en El País, La Vanguardia y el Abc, además de las invitaciones televisivas a coloquios y espacios monográficos sobre su obra, que crecía en los manuales de literatura con la misma ávida velocidad que sus cuentas corrientes, premios tanto literarios como sociales, y hasta cargos de esos que obligan a tratar al propietario de excelentísimo.

Lo dijo el crítico: «Su prosa siempre ha sido admirada por ser precisa y evocadora, explora temas complejos como la desilusión, el amor y la pérdida con una gran profundidad emocional; en él destaca la autenticidad, la emoción contenida y la maestría narrativa de sus historias. Su influencia literaria es innegable, y, desde sus primeras obras, cada una que publica pasa a ser un clásico». ¿Quién podría, ante tanta brillantez pública, a atreverse a cuestionarle la conflictiva vida privada que ha practicado desde la lejanía temporal en que se fue de su pequeña gran ciudad.

Como estas líneas son solo pertenecen al prólogo de otro libro, uno que Ángel Sucasas solo lo ha vivido, se me excusarán más panegíricos de esta gloria de las letras españolas que ha llenado, merecidamente hay que decir, los últimos años del siglo pasado y los ya veintiuno que van de este.

En los primeros párrafos se quedó Luisa Sucasas, la hermana cinco minutos menor, con sus dos hijos, pero ahora, cuarenta años después, son cinco los que tiene, todos fuera de casa, además de siete nietos; a cambio dejó ya muy atrás a su marido, nunca se supo bien si en el fondo del Atlántico sur o en del Índico, y ahora el tiempo, todo el tiempo, lo tiene en sus manos.

En aquellos bocetos iniciales que nunca se atrevió a sacar de la cómoda no se volvió a escribir ni una palabra (los hijos, la tragedia, los nietos…), pero en los últimos seis se ha levantado con el sol, ansiosa por retomar el relato de los Sucasas, la pequeña y cotidiana historia de una familia en la que el descomunal tamaño del hermano cinco minutos mayor ha oscurecido con su dorado lienzo de éxito la vida de todos los demás.

La primera edición del libro está impresa decenas de miles de ejemplares en una millonaria apuesta editorial, ya depositados en centenares de puntos de venta apoyados por anuncios en televisiónde un título que llenará el mundo literario de este año y que sin duda dará un impulso notable a la prometedora carrera literaria de la autora.

Luisa, la hermana menor, puso el punto final a su historia hace siete meses; ante las vidas tan densas que cuenta y los detalles que describe, apenas le han sobrado dos docenas de páginas del millar que el editor le prohibió sobrepasar; obvias cuestiones comerciales, le dijo. Desde entonces nadie ha conseguido que cambie un solo verbo, ni un solo sustantivo, ni siquiera una sola coma del relato. Luisa ha desoído tajante el empeño de su hermano en que elimine, o al menos modifique, 36 párrafos; nada menos. Algunos, desvelados por la editorial para crear expectación, han abierto las secciones de Cultura y Economía de la prensa, y se dice que la Fiscalía los está coleccionando. En cambio, nadie ha pedido a Luisa que cambie los adjetivos calificativos. El libro que ha escrito sobre Ángel Sucasas, su hermano mayor, mito literario del siglo XXI, no contiene ninguno.

3_EJERCICIO_PEDRO GALÁN

 

Próximamente en librerías

 

“Un mes en dos días” de Misaki Kuroyama

 

Todo comenzó hace cuatro años cuando tuvo un accidente de montaña y tuvo que permanecer inmovilizada durante dos meses. Durante ese periodo e influenciada por el lugar donde vivía desde hacía tres años, Misaki Kuroyama comenzó a investigar y profundizar en la poesía tradicional japonesa y en ese proceso compartió sus primeros haiku en una autopublicación.  .

Misaki Kuroyama se formó en Arte, Literatura Japonesa y Estudios Literarios Contemporáneos en la Universidad de Tokio. Acabada su formación comenzó a trabajar en una agencia literaria en Tokio y desarrollaba una actividad artística dedicada a la fotografía y participaba en un red de fanzine sobre fotografía, cine y literatura. Con treinta años dejó su trabajo y su ciudad, Tokio. Al poco tiempo encontró trabajo en un pequeño pueblo situado en una zona montañosa de la ruta Nakasendo en la Prefectura de Gifu y desde entonces dirige su Biblioteca Municipal.

La dimensión contemporánea que infunde en sus haiku es lo que la hace conocida en los círculos literarios de Japón. Los haiku de Misaki Kuroyama mantienen la estructura formal de los  haiku clásicos pero transgreden en la métrica y la temática en la que aparecen los temas clásicos referidos a la naturaleza pero también temas sociales, de ficción y diálogos.

Sus tres primeros libros los publica el grupo editorial Iwanami Shoten, el más conocido de ellos hasta la fecha es “Before Dawn” traducido a varios idiomas. Su primer libro de reciente publicación en castellano por Satori Ediciones es su último libro publicado en 2025 por Iwanami y titulado “Un mes en dos días”. Se trata de una publicación muy cuidada en castellano y japonés donde se puede apreciar la belleza estética de su caligrafía. Un ejemplar con 41 haiku que están ilustrados con fotografías de la propia autora que recuerdan a las ilustraciones de tradicionales publicaciones japonesas. Es un excelente ejemplar para conocer los haiku contemporáneos por su profundidad y desde donde nos hace mirar, así como disfrutar de una obra de gran belleza plástica.

 

 

 

Pedro Galán M

para ediciones   e+1=0

Enero 2026

3_EJERCICIO_VICKY OROSA

 Estrella de Luna Jiménez 

Nació a principios de los sesenta, pero ella dice que renació en el setenta y dos, cuando se libró de unas fiebres reumáticas que por poco acaban con su corazón. Sobre todo, gracias a la penicilina, que penetró en su sangre evitando que la infección afectara a la válvula mitral. Desde entonces fue una niña flacucha e inapetente que siempre se sintió distinta a los demás. 

En los años que vivió de reposo en casa, se dedicó a dibujar y escuchar la radio y de ahí le vino la pasión por la palabra escrita y dicha. 

Por las mañanas, su vecina Pepita le ponía unas cuentas, unos quebrados y le dictaba fragmentos del libro de lecturas que ella copiaba con esmero y sin ninguna falta de ortografía. 

Una vez terminada las tareas escolares que la maestra le pasaba a su madre, tenía el día libre para sus pinturas y escuchar a Mari Tere Campos. 

A los nueve años le extrajeron las amígdalas y a los diez fue dada de alta, pudiendo volver a clase, tomar helados y bañarse en la playa. Lo único malo era que tenía que seguir soportando el dolor de aquellas inyecciones de penicilina que le rajaban el culo. Su abuela, que la tomaba en brazos puesta en decúbito prono, o sea, boca abajo sobre sus faldas, para que el practicante la pudiera pinchar sin problemas, le decía qué en lugar de llorar, le pellizcara el brazo tan fuerte como dolor sintiera. Una y otra soportaban con estoicismo sus respectivas torturas. 

Los viales estaban recetados en prevención a que las fiebres volvieran.  

Al principio en días alternos, luego una vez por semana, después una vez al mes hasta que se acabó el tratamiento. 

A los once años, el corazón le empezó a latir con normalidad y las fiebres reumáticas nunca volvieron. 

Regresó al colegio y descubrió que le gustaban más las letras que las matemáticas. La radio, su pasión. 

Creció al amparo de su habitación empapelada de pósteres de cantantes y actores. La niña escuálida se convirtió en una joven que comía poco y a capricho. Al llegar a la pubertad se encontró con una nueva dolama; las migrañas que nunca la abandonaron. 

Le gustaba que la llamaran Estrellita, como la había bautizado su tía Luisa de Madrid; ella apostillaba: Estrellita Luna. 

Decidió ser periodista en contra de su familialos abuelos eran los únicos que estaban de acuerdo con sus deseos; el resto siempre temió que la niña enfermiza y jaquecosa se viera sola en un Madrid en plena efervescencia política, con la ultraderecha dando bombazos a la par que ETA. 

Tras una fuerte discusión con sus padres, cogió sus ahorros y tomó el Talgo con dirección a Madrid. Renunció a su primer amor, su vecino Antoñito, a la aprobación de sus padres y a unos estudios de secretariado que nada le gustaban, todo por perseguir su sueño. 

Aterrizó en casa de la tía Luisa, donde estuvo viviendo un año y luego, con el salario que ganaba como locutora de radio en una emisora que reproducía las canciones más escuchadas del momento, se fue a compartir una casa diminuta con dos compañeras de clase en Vallecas. 

No necesitó pagarse los estudios porque los cinco años que invirtió en la carrera fueron becados. 

Se hizo periodista y a esa profesión dedicó su vida. 

Trabajó en la radio a la vez que en un periódico independiente y durante cuatro años fue corresponsal de guerra. 

Ahora vive del periodismo de investigación. Sigue siendo la mujer menuda de pelo negro y rizado que ahora empieza a canear los mechones que le caen alrededor del rostro. Aún brillan sus ojos grises, a pesar de las migrañas que soportó. 

Vive sola, aunque nunca renunció al amor. 

Se siente en paz porque no tardó en ganarse el elogio de sus padres y está orgullosa de sí misma por haber atrapado su sueño, aunque a veces, cada vez con más frecuencia, tiene un pensamiento recurrente. ¿Qué habría sido de aquella otra que fue si se hubiera quedado en su ciudad, casada con el amor de su infancia, convertida en madre y reputada secretaria de alguna empresa importante? 

Ha soñado muchas veces con ese chico, incluso sus amantes se han parecido a él. Desde que marchó a Madrid no lo ha vuelto a ver. 

Cuando, en vacaciones, regresa a su casa natal, ya sin sus progenitores, imagina encontrarlo, pero en la vivienda de enfrente reside otra familia desde hace muchos años. Su madre le dijo una vez que se habían mudado a una urbanización cerca del mar. Pasea sola entre esos enormes bloques, le encantaría encontrarlo de frente. ¿Lo reconocería? Esta segura de que sí. No guarda ninguna foto, pero lo tiene intacto en la memoria.