HETERÓNIMO - GRACIELA
COTÍN
Graciela Cotín nació en Córdoba en 1969, la hija mayor de
una familia trabajadora y muy festiva. Probablemente eso la orientó desde muy niña al gusto por
las canciones, leyendas e historias populares, tan a menudo vinculadas a la
naturaleza, las estaciones, el comportamiento humano o el sentir espiritual. Las
tradiciones orales marcaron el inicio de
su estrecha relación con las palabras,
no solo por lo cantado o recitado, sino también por los debates que surgían a
posteriori en el vecindario o la familia, donde Graciela observaba con
atención, advirtiendo el valor y el efecto cambiante de una misma idea según la
forma en que hubiera sido expresada. Desarrolló
también un gusto especial por la sonoridad
de las palabras, siendo sus favoritas las esdrújulas, de las que
admiraba ese ritmo descendente que las dotaba de una preciosa musicalidad. Como más adelante desvelaría,
desde aquella primera infancia comenzó a
atesorar cuadernos donde copiaba frases que le resultaban llamativas, aforismos, ripios, juegos de
palabras, paradojas, poemas cortos… y además otras libretas que recogerían su
inspiración personal.
Junto a este valioso aprendizaje experiencial recibió
enseñanzas regladas de Primaria y Secundaria, obteniendo excelentes resultados.
En su etapa escolar consiguió varios premios de poesía y redacción, lo que la
reforzó en su afición literaria. Sin embargo, no pudo continuar los estudios
superiores ante la necesidad de aportar ingresos al hogar.
Se dedicó entonces a buscar empleos que le permitieran
seguir aprendiendo de forma autónoma, manteniendo su afición lectora y
creadora. Mientras ocupaba puestos de vigilante nocturna, conserje o
recepcionista de consulta médica, fue devorando obras clásicas y de actualidad,
de temas variados, y en paralelo su obra propia crecía, aunque no veía el
momento de compartirla con el mundo.
Fue providencial su incorporación al puesto de conserje del
Conservatorio de Música de Antequera. Graciela, de carácter abierto y
participativo, colaboraba desde su llegada en múltiples actividades, más allá
de sus deberes profesionales. De este modo fue entablando relaciones con músicos de diferente índole, algo que iba
dando forma a un diálogo
literario-musical que pronto tendría frutos: primero algunos de sus poemas
fueron musicados; más tarde incipientes compositores le solicitaban que
pusiera letras a sus melodías para dotarlas de un contenido más explícito. De ahí
vinieron exitosas colaboraciones con cantautores como El Jose, Fernando Macías, Gema y Pável,
Elena Bugedo, José Antonio Delgado o el dúo Mapa. La emergente fama de Graciela
como letrista se convirtió en el impulso que necesitaba para lanzarse a
participar en publicaciones locales y nacionales , así como en
concursos de poesía y relatos. Su primer poemario, Vértigo íntimo,
fue calificado por la crítica como una
“refrescante revelación” pero fue
su delicioso libro de cuentos Caos magnético el que la consagraría como una joven autora
superventas.
Buceando en su obra podríamos decir que la escritura de
Graciela encontró sus mayores inspiraciones en la poesía, la novela poética, la filosofía, el humanismo y la espiritualidad, con referentes tales como
Mary Oliver, Gioconda Belli, Mario
Benedetti, Ángel González, María Zambrano, Martínez Lozano, José Carlos Ruíz, Rumi
o Bertolt Brecht entre otros.
Graciela Cotín firma
poesía, relatos cortos, cuentos, aforismos, prosa poética y canciones. Hasta el
momento. Porque en su último artículo se posiciona aún atónita frente al
magnífico océano de la métrica y no sabe
si surgirá un paréntesis, o una próxima pértiga- simbólica- que la lance a las
antípodas de sus páginas clásicas.
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