martes, 27 de enero de 2026

3_EJERCICIO_LOURDES HARO

 

HETERÓNIMO -  GRACIELA COTÍN

 

Graciela Cotín nació en Córdoba en 1969, la hija mayor de una familia trabajadora y muy festiva. Probablemente  eso la orientó desde muy niña al gusto por las canciones, leyendas e historias populares, tan a menudo vinculadas a la naturaleza, las estaciones, el comportamiento humano o el sentir espiritual. Las tradiciones orales  marcaron el inicio de su estrecha  relación con las palabras, no solo por lo cantado o recitado, sino también por los debates que surgían a posteriori en el vecindario o la familia, donde Graciela observaba con atención, advirtiendo el valor y el efecto cambiante de una misma idea según la forma en que hubiera sido expresada.  Desarrolló también un gusto especial por la sonoridad  de las palabras, siendo sus favoritas las esdrújulas, de las que admiraba  ese  ritmo descendente que las dotaba de  una preciosa musicalidad. Como más adelante desvelaría, desde aquella primera infancia  comenzó a atesorar cuadernos donde copiaba frases que le resultaban  llamativas, aforismos, ripios, juegos de palabras, paradojas, poemas cortos… y además otras libretas que recogerían su inspiración personal.

Junto a este valioso aprendizaje experiencial recibió enseñanzas regladas de Primaria y Secundaria, obteniendo excelentes resultados. En su etapa escolar consiguió varios premios de poesía y redacción, lo que la reforzó en su afición literaria. Sin embargo, no pudo continuar los estudios superiores ante la necesidad de aportar ingresos al hogar.

Se dedicó entonces a buscar empleos que le permitieran seguir aprendiendo de forma autónoma, manteniendo su afición lectora y creadora. Mientras ocupaba puestos de vigilante nocturna, conserje o recepcionista de consulta médica, fue devorando obras clásicas y de actualidad, de temas variados, y en paralelo su obra propia crecía, aunque no veía el momento de compartirla con el mundo.

Fue providencial su incorporación al puesto de conserje del Conservatorio de Música de Antequera. Graciela, de carácter abierto y participativo, colaboraba desde su llegada en múltiples actividades, más allá de sus deberes profesionales. De este modo fue entablando relaciones  con músicos de diferente índole, algo que iba dando forma a  un diálogo literario-musical que pronto tendría frutos: primero algunos de sus poemas fueron musicados; más tarde incipientes compositores le solicitaban que pusiera  letras  a sus melodías para dotarlas  de un contenido más explícito. De ahí vinieron exitosas colaboraciones con cantautores  como El Jose, Fernando Macías, Gema y Pável, Elena Bugedo, José Antonio Delgado o el dúo Mapa. La emergente fama de Graciela como letrista se convirtió en el impulso que necesitaba para lanzarse a participar en publicaciones locales y nacionales , así como  en  concursos de poesía y relatos. Su primer poemario, Vértigo íntimo, fue calificado por la crítica como una  “refrescante revelación”  pero fue su delicioso libro de cuentos Caos magnético el que  la consagraría como una joven autora superventas.

Buceando en su obra podríamos decir que la escritura de Graciela encontró sus mayores inspiraciones en la poesía,  la novela poética,  la filosofía, el humanismo  y la espiritualidad, con referentes tales como  Mary Oliver, Gioconda Belli, Mario Benedetti, Ángel González, María Zambrano, Martínez Lozano, José Carlos Ruíz, Rumi o Bertolt Brecht entre otros.

 

Graciela Cotín  firma poesía, relatos cortos, cuentos, aforismos, prosa poética y canciones. Hasta el momento. Porque en su último artículo se posiciona aún atónita frente al magnífico océano  de la métrica y no sabe si surgirá un paréntesis, o una próxima pértiga- simbólica- que la lance a las antípodas de sus páginas clásicas.

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