martes, 27 de enero de 2026

3_EJERCICIO_JORGE INIESTA

 

¿AUTOJUSTIFICACION O REMORDIMIENTO?

 

El nombre de la reclusa 402 era Elena Sánchez Valiente, pero el mundo pronto la conocería como Lara S. Vant, el heterónimo que nació entre los muros de hormigón de la prisión de mujeres.

Todo comenzó una tarde de agosto, cuando el silencio de su casa se volvió insoportable.

Elena, cegada por una paranoia que no dejaba rastro de pruebas, convencida de que cada retraso de su marido era una traición y cada perfume ajeno una sentencia, descargó su furia contra él con un cuchillo de cocina.

No hubo amantes, solo sombras alimentadas por su propio miedo.

 

En la soledad de la celda, para no volverse loca, Elena creó a Lara.

Lara no era una asesina, Lara era una "superviviente de sus propias emociones".

Bajo ese nombre, comenzó a escribir "El filo de la duda", una memoria visceral que transformaba su crimen en una tragedia griega sobre la intensidad del amor mal gestionado.

 

Para 2026, el fenómeno era imparable. Lara S. Vant se convirtió en la autora más vendida del país. Sus libros de autoayuda, como "Amar sin quemarse" y "Cadenas de seda: Guía para la mujer moderna en crisis", se vendían como panaceas para matrimonios al borde del abismo. Las mujeres le escribían cartas desde todos los rincones, agradeciéndole por "entender el dolor que las llevaba al límite".

Desde la cárcel, Lara daba entrevistas por videollamada, siempre vestida de blanco, con una voz serena que ocultaba la sangre de aquella tarde de agosto. Se convirtió en un gurú de la resiliencia.

Los lectores y el público en general, rápidamente se olvidaron del asesinato del inocente marido y prefirieron la narrativa de la mujer que, tras tocar fondo, enseñaba a otras a flotar.

 

Irónicamente, Elena seguía allí, encerrada, viendo a través de los barrotes cómo Lara se hacía rica y famosa predicando sobre el control emocional, mientras ella, en la oscuridad de la noche, aún buscaba en sus recuerdos una prueba de infidelidad que justificara el rastro de la cicatriz que la había marcado de por vida.

 

Una mañana gris de enero, Elena apareció colgada en su celda.

                                         

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