Heterónimo
Encarna (Sin apellidos conocidos)
(1942 -
Desaparecida en 1974)
Encarna se
hizo palabra en el borde de una tabla de cortar. Durante doce años fue conocida
simplemente como "la mujer del carnicero", una figura silenciosa que
despachaba tras el mostrador de la carnicería El Frigorifiqué en un barrio obrero del extrarradio malagueño.
Vida y Entorno
Su
existencia estuvo marcada por el ritmo de la carne y el acero. Casada a los
veinte años con Julián, un hombre de manos firmes, decisiones prácticas y pocas
palabras, la vida de Encarna transcurrió entre el frío de la cámara frigorífica
y el calor sofocante del piso compartido, situado sobre el cormercio que
regentaban.
No tuvo
hijos. Sus criaturas fueron los cuadernos que escondía bajo el papel de
estraza. En ellos, Encarna desarrollaba una poética de lo visceral, escribía sobre la anatomía del sacrificio, la
frialdad del metal y la invisibilidad de la mujer que limpia la sangre
derramada.
Estilo Literario
Su obra
(recuperada años después en una caja de zapatos localizada en la cámara
frigorífica) se caracteriza por:
·
El Realismo Sucio Doméstico, sus escritos
huelen a serrín húmedo y lejía.
·
La Metáfora de la Carne, utiliza el despiece
de los animales para explicar el desmoronamiento de su propio cuerpo y deseos.
·
La Brevedad Cortante, textos cortos, como
hachazos, secretos, escritos con la premura del miedo a ser descubierta.
La Desaparición
El 29 de
mayo de 1974, Encarna dejó el delantal doblado sobre el mostrador, colocó el
cartel de "Cerrado por descanso" y nunca regresó. No se llevó ropa,
ni dinero, ni identificación. Julián siempre sostuvo que "se le fue la
cabeza por no haber parido”, “que muchas veces estaba como ennortá", pero
sus cuadernos sugieren una huida
planificada hacia el anonimato.
"He
aprendido a distinguir el peso del corazón de una vaca del peso de mi propio
hastío. El de la vaca se puede vender por kilos; el peso de mi hastío me hunde
gratis en el suelo de la cocina"> — Fragmento de un cuaderno sin
título.
Legado
Encarna no
buscaba la gloria literaria, sino un lugar donde el acero de la hoja del
cuchillo no fuera la única realidad.
Este
texto ha sido elaborado en colaboración con la IA
Mercedes
Jiménez
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