lunes, 19 de enero de 2026

3_EJERCICIO_VICKY OROSA

 Estrella de Luna Jiménez 

Nació a principios de los sesenta, pero ella dice que renació en el setenta y dos, cuando se libró de unas fiebres reumáticas que por poco acaban con su corazón. Sobre todo, gracias a la penicilina, que penetró en su sangre evitando que la infección afectara a la válvula mitral. Desde entonces fue una niña flacucha e inapetente que siempre se sintió distinta a los demás. 

En los años que vivió de reposo en casa, se dedicó a dibujar y escuchar la radio y de ahí le vino la pasión por la palabra escrita y dicha. 

Por las mañanas, su vecina Pepita le ponía unas cuentas, unos quebrados y le dictaba fragmentos del libro de lecturas que ella copiaba con esmero y sin ninguna falta de ortografía. 

Una vez terminada las tareas escolares que la maestra le pasaba a su madre, tenía el día libre para sus pinturas y escuchar a Mari Tere Campos. 

A los nueve años le extrajeron las amígdalas y a los diez fue dada de alta, pudiendo volver a clase, tomar helados y bañarse en la playa. Lo único malo era que tenía que seguir soportando el dolor de aquellas inyecciones de penicilina que le rajaban el culo. Su abuela, que la tomaba en brazos puesta en decúbito prono, o sea, boca abajo sobre sus faldas, para que el practicante la pudiera pinchar sin problemas, le decía qué en lugar de llorar, le pellizcara el brazo tan fuerte como dolor sintiera. Una y otra soportaban con estoicismo sus respectivas torturas. 

Los viales estaban recetados en prevención a que las fiebres volvieran.  

Al principio en días alternos, luego una vez por semana, después una vez al mes hasta que se acabó el tratamiento. 

A los once años, el corazón le empezó a latir con normalidad y las fiebres reumáticas nunca volvieron. 

Regresó al colegio y descubrió que le gustaban más las letras que las matemáticas. La radio, su pasión. 

Creció al amparo de su habitación empapelada de pósteres de cantantes y actores. La niña escuálida se convirtió en una joven que comía poco y a capricho. Al llegar a la pubertad se encontró con una nueva dolama; las migrañas que nunca la abandonaron. 

Le gustaba que la llamaran Estrellita, como la había bautizado su tía Luisa de Madrid; ella apostillaba: Estrellita Luna. 

Decidió ser periodista en contra de su familialos abuelos eran los únicos que estaban de acuerdo con sus deseos; el resto siempre temió que la niña enfermiza y jaquecosa se viera sola en un Madrid en plena efervescencia política, con la ultraderecha dando bombazos a la par que ETA. 

Tras una fuerte discusión con sus padres, cogió sus ahorros y tomó el Talgo con dirección a Madrid. Renunció a su primer amor, su vecino Antoñito, a la aprobación de sus padres y a unos estudios de secretariado que nada le gustaban, todo por perseguir su sueño. 

Aterrizó en casa de la tía Luisa, donde estuvo viviendo un año y luego, con el salario que ganaba como locutora de radio en una emisora que reproducía las canciones más escuchadas del momento, se fue a compartir una casa diminuta con dos compañeras de clase en Vallecas. 

No necesitó pagarse los estudios porque los cinco años que invirtió en la carrera fueron becados. 

Se hizo periodista y a esa profesión dedicó su vida. 

Trabajó en la radio a la vez que en un periódico independiente y durante cuatro años fue corresponsal de guerra. 

Ahora vive del periodismo de investigación. Sigue siendo la mujer menuda de pelo negro y rizado que ahora empieza a canear los mechones que le caen alrededor del rostro. Aún brillan sus ojos grises, a pesar de las migrañas que soportó. 

Vive sola, aunque nunca renunció al amor. 

Se siente en paz porque no tardó en ganarse el elogio de sus padres y está orgullosa de sí misma por haber atrapado su sueño, aunque a veces, cada vez con más frecuencia, tiene un pensamiento recurrente. ¿Qué habría sido de aquella otra que fue si se hubiera quedado en su ciudad, casada con el amor de su infancia, convertida en madre y reputada secretaria de alguna empresa importante? 

Ha soñado muchas veces con ese chico, incluso sus amantes se han parecido a él. Desde que marchó a Madrid no lo ha vuelto a ver. 

Cuando, en vacaciones, regresa a su casa natal, ya sin sus progenitores, imagina encontrarlo, pero en la vivienda de enfrente reside otra familia desde hace muchos años. Su madre le dijo una vez que se habían mudado a una urbanización cerca del mar. Pasea sola entre esos enormes bloques, le encantaría encontrarlo de frente. ¿Lo reconocería? Esta segura de que sí. No guarda ninguna foto, pero lo tiene intacto en la memoria. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario