lunes, 19 de enero de 2026

3_EJERCICIO_OLGA MARTÍNEZ

 

 

 

Francisca Martín Martín nació en Manilva, provincia de Málaga en 1959 en el seno de una familia humilde  dedicada a la agricultura.

Fue su abuelo, la persona que le trasmitió su amor por los libros. Había nacido en Casares  y aunque apenas había asistido a la Escuela,  había conocido la Biblioteca Popular de Casares, desarrollada bajo el influjo  de las Misiones Pedagógicas itinerantes que recorrieron la Provincia de Málaga durante los años 1934 y 1935.

 

En la casa de Francisca no había libros y sus padres apenas sabían leer y escribir, pero tanto su abuelo como su madre y sus tías tenían una gran capacidad para narrar los sucesos  familiares, presentándolos como autenticas aventuras. Las tardes de invierno y las noches de verano, sin televisión ni otras distracciones, se ocupaban en largas narraciones, donde se alternaban las voces de los diferentes narradores.

Gracias a su brillante expediente académico pudo acceder a una de las Becas Salario que el  Ministerio de Educación concedía a los alumnos capaces pero sin medidos económicos, lo que le permitió matricularse en la Facultad de Filosófica y Letras de Málaga, donde obtuvo unas excelentes calificaciones.

Tras la oportunas oposiciones se ha dedicado a dar clases de Lengua y Literatura en diversos Centros Educativos de Enseñanzas Medias.

Ha publicado un pequeño poemario y dos libros de relatos cortos.

Los relatos, están escritos en un estilo sencillo, intimista, describen hechos cotidianos, personajes próximos que resuenan en la memoria y nos acercan al terreno rural de origen de la autora.

 

 

 

“ La niña sabía que había noches mágicas. Noches de verano en las que los mayores se dejaban llevar por el hilo de sus conversaciones, abandonadas las interminables tareas cotidianas mientras tomaban juntos el fresco (tomaban el fresco como tomaban café o unas uvas en aguardiente) y se olvidaban de mandarla a la cama.

Ella se quedaba un poco atrás, quieta, invisibilizada para no llamar la atención, toda oídos de las historias que se estaban contando.

- Le ha pasado lo que a mi tía María con su hija Josefita

- Uy!, no se de quien me hablas.

- Si mujer, la que se casó con uno de Casares y monto el bar de la carretera.

- ¡Ah, ya !, ese bar funciono muy bien, iba mucha gente por el día

- Y por la noche

-Ya

- Pues eso, lo mismo

 

Por lo que no se decía, la niña sabía que era un historia interesante. Cuantas menos palabras, más interés. Solo había que esperar, como los pescadores de caña allá abajo ,en la playa de Sabinillas, a la que iban algún domingo, entre la Virgen del Carmen y la Virgen de Agosto. Esperar completamente inmóvil.

 

Su madre, sus dos tías, la vecina de toda la vida y su abuelo, callado y siempre vigilante, sentados en las sillas a la puerta de la casa.

Su padre y sus tíos de pie, en un corro un poco apartado, fumando tabaco de liar, mirando el horizonte, olisqueando el viento para adivinar el calor del día siguiente...”

 

 

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