LA BOUTIQUE
Abrir una boutique requiere esfuerzo y conocimiento tanto de
lo último en moda como de la gestión del negocio, pero a Clara el azar se lo
puso aún más difícil con el fallecimiento de Lorena. La muerte su mejor amiga y
socia en extrañas circunstancias, la dejó deprimida y en una estado tan triste
y confuso que no sabía cómo saldría de él.
Tenían una relación de amistad y de proyectos conjuntos que
le sería casi imposible reorganizar de nuevo su vida como la tenía pensada.
Juntas habían hecho el proyecto de abrir una boutique en la calle más comercial
de la ciudad, juntas habían pedido el crédito al banco para dar la entrada del
local y juntas habían firmado la hipoteca.
Una vez conseguido el local y terminadas las reformas que le
hicieron, las dos estaban ilusionadas con la apertura de la boutique y tenían
el deseo de ponerse cuanto antes al frente de ella. Cada una aportaría lo que
mejor se le daba. A demás de estar cara al público, Clara se ocuparía de todo
lo que tenía que ver con la moda, y Lorena con la administración del negocio.
Tras el fallecimiento de su amiga se encontraba con la
disyuntiva de no saber cómo solucionar lo relacionado con el préstamo. Lorena
tenía como avalista a su compañero, y ella no se llevaba bien con él. De Jorge
no se fiaba lo más mínimo, le había dado pruebas de ello, era un sátiro,
calculista y aprovechado, que intentaría sacarle partido a la situación en la
que se había quedado.
TREN PARA ALEMANIA
La historia de Antonio puede decirse que comienza cuando
emigra a Alemania. Hasta entonces su vida era el trabajo y solo había salido un
par de veces del pueblo para ir a la ciudad.
Antonio, como tantos otros españoles a principio de los
sesenta, cogió su maleta de cartón metió en ella la poca ropa nueva que tenía,
la amarró con una cuerda, y en el primer autobús que salía del pueblo se subió
para viajar a la ciudad. Allí cogería el tren que lo llevaría a Alemania, donde
estaba dispuesto a trabajar en lo que le saliera, aunque él no tenía más oficio
que el de labrador y peón de albañil. Atrás dejaba a María, su mujer, y a sus cuatro
hijos.
En el pueblo el trabajo era escaso y mal pagado. Apenas le
alcanzaba para mantener a la familia. También, como su relación con María no
pasaba por su mejor momento, a la llamada de un paisano que le dijo que él
estaba en Hamburgo, y que en esa ciudad no le faltaría el trabajo, no se lo
pensó y dejó atrás lo que hasta entonces había sido su vida.
En Alemania debido al idioma y las costumbres le costó adaptarse,
pero puso todo su empeño en hacerlo. Nada más llegar, su paisano le encontró
trabajo en la obra de una urbanización señorial a las afueras de Hamburgo. El
sueldo era bastante bueno y además de enviarle a María para mantener a la
familia, él se reservaba una parte, de la que pensaba ahorrar lo que pudiera
para realizar un sueño que tenía desde hacía tiempo.
EL DESAHUCIO
Lo que le ocurre a Aurora es algo común en un tiempo donde lo
más importante es el valor del dinero y nadie comprende el dolor que ella
siente si tiene que dejar su casa,
En aquella casa Aurora había pasado los mejores años de su
vida. En cada rincón se amontonaban todos sus recuerdos, y, tenía que dejarla
por orden del juzgado, como si fuera una ocupa. Los herederos del antiguo
dueño, acabado el plazo del contrato, sin tener en cuenta su antigüedad y que
siempre había aceptado todas las subidas de alquiler, la echaban a la calle. La
echaban con el afán especulador de convertir el que había sido un hogar en
apartamentos turísticos.
Ese piso fue su primer hogar de casada. Fue donde nacieron
sus tres hijos, donde aprendieron a andar con pasos vacilantes por su largo
pasillo, a jugar al escondite y luego a abrir su puerta con sigilo cuando
venían tarde de alguna fiesta.
Ahora, cuando ya sus hijos habían dejado el hogar familiar
para independizarse y vivían en lejos, ahora, cuando se encontraba mayor y sola
y más necesitaba la casa con la que estaba familiarizada, ahora ante su
negativa a abandonarla, había recibido la orden de que si en el plazo de diez
días no se mudaba, la policía vendría a desahuciarla. Vendría con toda la parafernalia
que usa en esos casos a desahuciarla. Sí, pero ella estaba dispuesta a resistir
cuanto pudiera y a utilizar todos los medios a su alcance. Sus vecinos la apoyaban.
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