lunes, 9 de marzo de 2026

4_EJERCICIO_AMALIA DÍAZ

 

LA BOUTIQUE

Abrir una boutique requiere esfuerzo y conocimiento tanto de lo último en moda como de la gestión del negocio, pero a Clara el azar se lo puso aún más difícil con el fallecimiento de Lorena. La muerte su mejor amiga y socia en extrañas circunstancias, la dejó deprimida y en una estado tan triste y confuso que no sabía cómo saldría de él.

Tenían una relación de amistad y de proyectos conjuntos que le sería casi imposible reorganizar de nuevo su vida como la tenía pensada. Juntas habían hecho el proyecto de abrir una boutique en la calle más comercial de la ciudad, juntas habían pedido el crédito al banco para dar la entrada del local y juntas habían firmado la hipoteca.

Una vez conseguido el local y terminadas las reformas que le hicieron, las dos estaban ilusionadas con la apertura de la boutique y tenían el deseo de ponerse cuanto antes al frente de ella. Cada una aportaría lo que mejor se le daba. A demás de estar cara al público, Clara se ocuparía de todo lo que tenía que ver con la moda, y Lorena con la administración del negocio.

Tras el fallecimiento de su amiga se encontraba con la disyuntiva de no saber cómo solucionar lo relacionado con el préstamo. Lorena tenía como avalista a su compañero, y ella no se llevaba bien con él. De Jorge no se fiaba lo más mínimo, le había dado pruebas de ello, era un sátiro, calculista y aprovechado, que intentaría sacarle partido a la situación en la que se había quedado.

TREN PARA ALEMANIA

La historia de Antonio puede decirse que comienza cuando emigra a Alemania. Hasta entonces su vida era el trabajo y solo había salido un par de veces del pueblo para ir a la ciudad.

Antonio, como tantos otros españoles a principio de los sesenta, cogió su maleta de cartón metió en ella la poca ropa nueva que tenía, la amarró con una cuerda, y en el primer autobús que salía del pueblo se subió para viajar a la ciudad. Allí cogería el tren que lo llevaría a Alemania, donde estaba dispuesto a trabajar en lo que le saliera, aunque él no tenía más oficio que el de labrador y peón de albañil. Atrás dejaba a María, su mujer, y a sus cuatro hijos.

En el pueblo el trabajo era escaso y mal pagado. Apenas le alcanzaba para mantener a la familia. También, como su relación con María no pasaba por su mejor momento, a la llamada de un paisano que le dijo que él estaba en Hamburgo, y que en esa ciudad no le faltaría el trabajo, no se lo pensó y dejó atrás lo que hasta entonces había sido su vida.

En Alemania debido al idioma y las costumbres le costó adaptarse, pero puso todo su empeño en hacerlo. Nada más llegar, su paisano le encontró trabajo en la obra de una urbanización señorial a las afueras de Hamburgo. El sueldo era bastante bueno y además de enviarle a María para mantener a la familia, él se reservaba una parte, de la que pensaba ahorrar lo que pudiera para realizar un sueño que tenía desde hacía tiempo.

EL DESAHUCIO

Lo que le ocurre a Aurora es algo común en un tiempo donde lo más importante es el valor del dinero y nadie comprende el dolor que ella siente si tiene que dejar su casa,

En aquella casa Aurora había pasado los mejores años de su vida. En cada rincón se amontonaban todos sus recuerdos, y, tenía que dejarla por orden del juzgado, como si fuera una ocupa. Los herederos del antiguo dueño, acabado el plazo del contrato, sin tener en cuenta su antigüedad y que siempre había aceptado todas las subidas de alquiler, la echaban a la calle. La echaban con el afán especulador de convertir el que había sido un hogar en apartamentos turísticos.

Ese piso fue su primer hogar de casada. Fue donde nacieron sus tres hijos, donde aprendieron a andar con pasos vacilantes por su largo pasillo, a jugar al escondite y luego a abrir su puerta con sigilo cuando venían tarde de alguna fiesta.

Ahora, cuando ya sus hijos habían dejado el hogar familiar para independizarse y vivían en lejos, ahora, cuando se encontraba mayor y sola y más necesitaba la casa con la que estaba familiarizada, ahora ante su negativa a abandonarla, había recibido la orden de que si en el plazo de diez días no se mudaba, la policía vendría a desahuciarla. Vendría con toda la parafernalia que usa en esos casos a desahuciarla. Sí, pero ella estaba dispuesta a resistir cuanto pudiera y a utilizar todos los medios a su alcance. Sus vecinos la apoyaban.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario